Entrevista a Mikel Rodríguez y Juan Mari Iturriarte
Hablar con Mikel Rodríguez y Juan Mari Iturriarte es repasar buena parte de la historia de Berdin Grupo. Dos trayectorias largas, paralelas, llenas de anécdotas, cambios, aprendizajes y, sobre todo, de implicación con la empresa.
"En esta empresa no te vas a aburrir"



Juan Mari Iturriarte se incorporó el 5 de septiembre de 1991 a la delegación de Berdin Eibar, que por aquel entonces contaba con un pequeño equipo. Empezó atendiendo en mostrador, repartiendo pedidos y cogiendo el teléfono, en una delegación que dependía directamente de central.
Por su parte, Mikel Rodríguez comenzó su andadura el 14 de marzo de 1988 en Berdin Balleneros. Recuerda con nitidez las palabras que le dijo Javier Fierro el primer día: “En esta empresa no te vas a aburrir”. Entre sus primeras tareas estaban cortar cable en el almacén contiguo a la delegación, en la Plaza de los Marinos, y revisar las entradas de material junto al padre de su compañero Benjamín. “Recuerdo aquellos cajones enormes de Telemecanique que había que clasificar y colocar en las baldas”, comenta entre risas.
Hitos y evolución
Ambos coinciden en que el sector y la empresa han cambiado radicalmente. Mikel destaca la evolución tecnológica: “Pasamos del papel a la digitalización de albaranes, y ahora a recibir pedidos por WhatsApp”. Juan Mari, por su parte, subraya el proceso de estructuración interna: “Antes hacías un poco de todo, pero con el crecimiento de la empresa llegaron los departamentos y la especialización”.
Recuerdan también los cambios en la relación con proveedores y clientes. “Antes los proveedores venían con su pedido proforma y te colocaban el material que querían”, dice Mikel. “Ahora solo vienen con novedades o proyectos concretos”.
Trayectoria y valores
Ambos han recorrido diferentes etapas dentro de la empresa. Mikel comenzó como mozo de mostrador, pasó por las tareas de cada departamento de la delegación, y ahora es delegado y coordinador de la venta interna en Berdin Belartza y Martutene. Juan Mari ha crecido con la empresa, adaptándose a las necesidades del momento hasta ocupar su actual puesto de delegado. “Si quieres que esto funcione, hay que implicarse por igual”, coinciden.
Destacan también el valor de la experiencia, la colaboración y la confianza: “Siempre hemos sentido el reconocimiento de la empresa. Nos hemos ayudado mucho, y eso nos hace sentir parte de algo”, resume Mikel.
Las personas que dejaron huella
En una carrera tan larga, son muchas las personas que dejan huella. Para Juan Mari, uno de sus referentes es Álex Erdozain, “un técnico brillante, ingeniero electrónico con un conocimiento enorme del producto y siempre dispuesto a enseñar”.
Mikel, por su parte, guarda en la memoria a muchos compañeros: “Conrado, que transmitía una tranquilidad increíble; Javier Fierro, que siempre pensaba en el futuro y veía las cosas desde otra perspectiva; Iosu Iriondo… y tantos otros con los que aprendí cada día”.
Ambos coinciden en que las nuevas generaciones tienen una forma diferente de ver el trabajo: “Antes tomábamos como referencia a los compañeros mayores, queríamos aprender de ellos. Ahora los jóvenes no ven tanto al veterano como mentor, sino como alguien de otra época. Es otro modo de relacionarse con el trabajo”.
Cambios y anécdotas
Entre los grandes cambios, mencionan la llegada de los móviles a las furgonetas, los nuevos programas de gestión y el teletrabajo.
Y cómo, a lo largo de tantos años, las historias curiosas y los momentos memorables se acumulan.
Juan Mari recuerda su entrevista de trabajo con una sonrisa: “Me llamó Imanol Laspiaur para hacerme la entrevista en euskera. Yo no estaba en casa y, aunque hablo euskera perfectamente, me daba respeto hacerla por teléfono. Así que me compinché con mi hermano… y fue él quien pasó la entrevista. Cuando luego me presenté en persona, pasé las pruebas siguientes, pero la primera selección la aprobó él”.
Mikel también conserva una escena que sigue provocando risas: “Un día el mostrador estaba lleno de gente. Atendí a un cliente que ya había terminado su pedido y, cuando parecía que se iba, se tocó la frente y dijo: ‘¡Ah, se me olvidaba! También quiero esta lámpara de frigorífico’. La llevaba pegada en la frente. Todo el mundo se reía, pero yo aguanté el tipo. Menos mal que no era el frigorífico”.
Ambos se ponen más serios al recordar un momento difícil: “Cuando la delegación de Arrasate se quedó vacía en 2008 y los compañeros se marcharon a otra empresa. Teníamos una relación muy estrecha, y aquello fue un golpe emocional y laboral importante”, coinciden.
Valores que permanecen
Mikel destaca cómo ha evolucionado el espíritu de la empresa:
“Hasta hace poco, el valor familiar era muy fuerte. Con el crecimiento, es cierto que eso se ha diluido un poco, pero seguimos manteniendo un ambiente cercano y de colaboración”.
Para Juan Mari, el valor más importante es la honestidad y el trabajo en equipo:
“Siempre ha sido una empresa muy colaborativa. Aquí no se oculta información, se comparte. Yo he dado y la empresa me ha dado. Esa reciprocidad te hace sentir parte del proyecto”.
Ambos coinciden en que siempre se han sentido reconocidos y valorados, algo que define su vínculo con Berdin:
“Somos chicos Berdin”, afirman con orgullo.
Mirando al futuro
Hoy, Berdin es una empresa de ventas especializadas, con una apuesta clara por la formación continua y el conocimiento técnico.
Ambos ven un futuro prometedor: “Si tienes actitud, en Berdin nunca te falta trabajo”.
Y cuando se les pregunta qué se llevan de todos estos años, sus respuestas lo dicen todo:
Mikel: “Berdin es como la vida misma: empezar con poco e ir alcanzando metas.”
Iturri: “Berdin es un camino donde laboralmente y personalmente estoy satisfecho.”
Porque, al final, su fórmula del éxito sigue siendo la misma:
Esfuerzo = Resultados = Recompensa